Cerré los ojos.
La calle estaba oscura, odio las calles oscuras luego de aquel asalto en Providencia, sin embargo en esta ocasión caminaba tranquilo, ya había salido de la Juan Antonio Ríos y estaba a solo unos minutos de mi casa, solo debía cruzar el peladero y el puente.
Prendí uno de mis cigarros baratos porque la noche estaba extrañamente fría, me adentré en ese peladero lleno de basura, perros muertos y desechos de la pobla, levanté la cabeza y noté que las estrellas se escapaban de mí; a veces creo que me temen o simplemente no les interesa regalarme sus brillitos.
Caminar pausado, noche helada, siento las piedras bajo la suela blanda de mis Vans.
Llego al puente y casi al mismo tiempo puedo ver cerca una joven con su hijo, un pequeñito abrigado como buen hijo único, cachetes rosados y gordos. Los invito a cruzar el puente juntos, me siento especialmente amable esta noche. Conozco el nombre de la madre, se llama Julieta y es raro sabérmelo pues nunca se lo he preguntado.
Julieta es una flacucha de veintialgo, de vestidos pobres y añosos que camina junto al pequeño y a mi con una sonrisa que ilumina algo ese peladero fétido. Sopla el viento helado y Julieta acaricia al pequeño caminante para luego empezar a cantarle canciones de Violeta Parra.
A punto de empezar a cruzar el puente aparecen dos hombres, Nilo es uno de ellos, del otro ni idea, no se quien es, no puedo ver su rostro.
¡CORRE JULIETA! ¡TOMA AL NIÑO Y CORRE!- Le grito y la obscuridad se tragó mi voz.
Julieta toma al pequeño y se pierde unos metros más allá en la oscuridad del peladero, mientras Nilo y su secuaz me persiguen a mí, yo corro con todas mis fuerzas, soy la carnada, ellos prefieren atacarme a mí y eso me alegra pues Julieta y el pequeño podrán escapar. Nilo es rápido, un ser tan oscuro como el entorno, moreno y más alto que yo; siempre viste de ropas oscuras, "corre juerte" como un quiltro enojado.
Sé que me alcanzará no importa lo que haga, me atrapará y lo logra unos metros mas allá; me tira al piso de un manotazo en la pierna mientras corro, caigo y me azoto fuerte contra las piedras, me raspo, me duele, mi pecho se contrae y pierdo toda la fuerza...
Nilo cayó sobre mí pero no me quiere matar aún, está jugando, apretándome mientras estoy paralizado sobre el piso. El sobre mí es como diez hombres, como una constrictora asfixiando al ratón, contemplándome sin decir nada, solo viéndome morir, viendo como lucho con mis pocas fuerzas para vencer su cuerpo que no se puede vencer. Su rostro se acerca al mío y me dice "Hola" con un tono risueño, me tiene paralizado sin embargo mi mano aún puede moverse y palpo una rama en la tierra, Nilo no lo nota, se me queda viendo, sin expresión, solo viéndome directo; tomo la rama y se la entierro en el ojo izquierdo con un único y rápido movimiento, se lo reviento con el estoque pero él no deja de apretarme con fuerza, no se queja, no siente. Muevo la rama y escucho como el palo le raspa el cráneo por dentro, se lo hundo hasta el fondo con mis últimas fuerzas y cierro los ojos.
Abro los ojos, estoy de nuevo en mi pieza...
Por favor, publica mas de tus historias :) Me encanta leer tu blog.
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