¿Donde vienes? - dijo con voz difusa.
Voy en Bellas Artes, llego en un ratito - contesté.
Ok, te espero - respondió y se cortó la llamada, estaba entrando al túnel.
El día estaba brillante y no había mas panorama para la tarde salvo estar tirado en calzoncillos viendo de vez en cuando el dedo gordo de mi pie, ante eso tomé la decisión de vencer la entropía sexeando, no me negué ni un momento cuando me lo propuso, y sin un minuto de sueño en el cuerpo (había parrandeado de lo lindo la noche anterior en el cumpleaños de una amiga), me vestí y partí rumbo al departamento de E.
E. abrió la puerta y me recibió con un short de futbolista de quizás que equipo y camiseta gris, patas peladas, sonrió, habló un poco (cosas que no me interesaban), fue al baño y me dijo “ponte cómodo”; como si no lo supiera.
MTV y su programación de mierda en la tevé y niños jugando en la piscina del condominio del lado. De seguro E. en el baño estaba meando, lavándose los dientes, enchulando el look, revisándose el pene etc., esas cosas que se hacen un par de minutos antes de.
Volvió y me empezó a desvestir, rápido. El pantalón enganchado en mi pie fue un obstáculo. He notado que nosotros los fletos, a modo común, partimos sacando lo de abajo. En dos segundos me encontré duro y en pelotas sobre aquella cama tan grande y E. vestido tal cual.
Deslicé mi mano lentamente bajo su short; sentí los suaves pelos de su pubis, su pene pequeño y la masa suave de sus testículos, me quedé ahí, acariciándole las bolas mientras el me pajeaba. Lentamente él se empezó a desvestir.
Me apretó el falo desde abajo hacia arriba y al llegar al extremo una gota brillante de preseminal salió, con el dedo pulgar E. la esparció sobre la cabeza haciendo la sensación mas placentera. Yo hice lo mismo, tome la gotita y se la unté en una tetilla para luego lamérsela suavemente.
E. es un tipo guapo (creo), quizás incluso lo miraría en la calle con ojos libidinosos; tiene el típico cabello “mechas de clavo”, es un poco mas bajo que yo, grandes dientes llenos de blancura, piel canela, una diminuta panza por falta de ejercicio, de muslos robustos y un perfecto trasero pequeño sin pelos. No tengo idea si pololea o no.
El 69 es paso obligado y quizás una de las cosas que más disfruto: que se hunda lentamente en aquella cálida cavidad una, otra, y otra vez es de las buenas cosas de esta vida, pero mi amigo E. no domina la técnica. El placer de la baba en el pico y el calor anhelado nunca llegó, E. estaba seco de boca, y su boca de cálido no tenia nada, no me desagradó, pero le falto intensidad; punto alto, me lamió las bolas, algo que por alguna razón que desconozco es un poco menos común.
Entre cambios de posición, rechazar una llamada, pajas, besos, ver por la ventana, pajas para mi, pajas para él, besos, preseminal, pajas y mas pajas ya estaba a punto de acabar y E. también. Lo masturbé apretando un poco mas la mano, su respiración se agitó y luego de unos minutos su mano apretó mi cintura, era la señal de explosión: derramó varias gotas de un semen espeso que salió sin fuerza desde dentro.
¿Donde quieres acabar tú? - Dijo E. mirándome a los ojos.
¿Puede ser en tu boca?, o ¿te da paja? - respondí.
Apenas pruebo mi semen como para comer el tuyo, elige otro lado… - dijo E. con su sensual acento mexicano.
Lo recosté boca arriba y abrí sus muslos gruesos, sus piernas me envolvían y mi pene quedaba justo sobre el de él; empezó a corrérmela fuerte y rápido, poco a poco me acercaba al orgasmo mientras el me apretaba el labio con sus dientes.
Arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, y empezaba la potente sensación del orgasmo venidero, guata y piernas tensas, ese cosquilleo exquisito del semen ardiendo dentro tuyo; arriba, abajo, arriba, abajo y CHAS! se contrae fuertemente ese musculo detrás de las bolas, emito un quejido pequeñito, me paralizo, le aprieto un brazo por reflejo y, arriba, abajo, empieza a salir el semen a blancos chorros tibios que van a parar a su hombro, pecho y ombligo. Solo cuando la ultima gota de semen salió de mi recuperé el aliento, aun tenía apretado el brazo de E. y al soltarlo noté la marca blanca en su piel por la presión de mis dedos.
“Los colas somos nada sin confort” me puse a pensar mientras buscaba un rollo. Cuando di con él en un borde de la cama, tome un trozo y limpié la lefa que quedó en mi prepucio, corté trozos para E. que yacía moqueado en la cama, de hecho me dió hasta risa verlo así, sin poder moverse para que no cayera el semen en sus sabanas, la mancha luego se ve muy fea.
Me levanté y crucé el departamento en dirección al baño.
A mi amigo E. le faltan muebles y cortinas, varios niños del condominio de al lado me vieron en pelotas caminando por el living, espero se hayan fijado en mis calcetines, porque olvide decirlo, todo el acto lo realicé con calcetines puestos.
Me vestí, le dije alguna webá irrelevante y me despedí con un besito suave, mas por cortesía que por que me naciera; salí rápido del condominio y luego en la calle baje rápido al metro. Un poco antes de llegar a casa pasé por un local de sushi; mientras preparaban las piezas me puse a conversar con la cajera, no soy de los que mete conversa a extraños pero irse cortado te deja buena onda con todo el mundo.
Llegué a casa y almorcé.