Un día, no se cual, me acercaré lentito directo hacia ti, te sacaré la mano tiernamente del bolsillo y, entre el suave apretón y mi mirada temerosa, te declararé cuanto te deseo… si, deseo, escuchaste bien. Quizás cuando eso pase apartes tu mano, quizás la aprietes también, pero no me quedaré inmóvil; si por mí fuera, hace tiempo te hubiera mordido el labio, hubiera saboreado tus dientes blancos, te hubiera quitado la polera.
Es que me enloqueces y lo sabes, y entre ir y venir de almas te quiero conectar conmigo, entregarte en bandeja una invitación directo a mi corazón, mis anhelos, mis ilusiones, la fuerza de mis brazos y la ternura de mi pecho, hacerte el amor hasta que mi cuerpo no aguante, sentir la sal de tu sudor picándome la lengua, entrar en ti una, dos, cien veces, acabarte mi amor y beber de tu boca la energía de ser uno, sentirte en 10 dimensiones, olerte entero, tocarte a media luz y olor a incienso, que tus dedos se me enreden en el pelo, que un suspiro tuyo me retumbe en melodía los oídos, tu calor me arda en la entrepierna.
Quizás el despertar de tu cuerpo una mañana, enredado en mis brazos, sería la mejor idea que nunca has pensado este frío invierno, quizás hasta un zorzal nos pueda dedicar su primer canto.
Mi deseo, tu y yo en una melodía ardiente, eterna y confortable… eso me gustaría.
Qué bueno que volviste a escribir, lindas palabras
ResponderBorrarDesde el "Yo no te amo" que me encantan tus historias, esta me hizo sentir escalofríos... de los buenos, claro. Increible.
ResponderBorrar