Don Fernando solo me reconoce a 2 metros los días soleados, lentamente se está quedando ciego. Ocasionalmente me pregunto si de viejito recordaré los colores de mi infancia, el verde brillante de mi cactus, el negro azulado de mi perrito o la multitud de colores en los puestos de feria. Don Fernando a sus 65 años me cree una mancha gris y amorfa que desfila ante sus nublados ojos; en cambio yo, lo vi a dos cuadras aquella tarde, cual destello multicolor, tocando el acordeón en la Plaza de Armas. Noté que poseo muy buena vista, noté que soy muy llorón.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario